Hay algo que casi todo el mundo tiene claro: cuando te mudas a una vivienda nueva, lo primero que deberías hacer es cambiar la cerradura de la puerta. Es una recomendación lógica y muy extendida.
Lo que no es tan conocido son los signos técnicos que indican que una cerradura ha empezado a fallar, incluso aunque todavía “funcione”. Muchas veces estos avisos aparecen meses o años antes de que se produzca un bloqueo, una rotura o un problema de seguridad real.
En este post, desde Ortiz Serrallers, queremos arrojar un poco de luz sobre ese terreno más técnico y explicar cinco señales claras que nos indican que ha llegado el momento de cambiar la cerradura o, al menos, revisar el bombín.
Cuando el bombín tiene holgura
Una de las señales más claras de desgaste de una cerradura aparece al introducir la llave. Si al hacerlo notas que el bombín se mueve lateralmente, que “baila” o no está firme, es una advertencia clara de que algo no está bien.
Este tipo de holgura suele deberse al desgaste interno del cilindro o a un tornillo de fijación que ya no cumple su función correctamente. Cuando aparece, el riesgo de rotura o de extracción del bombín aumenta de forma considerable y la puerta pierde parte de su resistencia real.
El giro de la llave deja de ser fluido
Otra señal habitual es notar que la llave ya no gira de manera continua. El movimiento se vuelve irregular, aparecen pequeños bloqueos o la rotación da saltos que antes no existían.
Esto no suele solucionarse con lubricante, aunque es un error común intentarlo. Lo que está fallando es el interior del cilindro: pitones, muelles o el propio rotor comienzan a mostrar signos de fatiga mecánica. Es un desgaste progresivo que, con el tiempo, puede acabar en un bloqueo completo de la cerradura.
La llave empieza a mostrar marcas extrañas
La propia llave también puede alertarnos del estado de la cerradura. Cuando aparecen rayaduras nuevas, un desgaste irregular o pequeñas rebabas metálicas, conviene prestar atención.
Estas marcas indican una fricción anormal en el interior del bombín, normalmente causada por pitones desalineados o por una ligera deformación del cilindro. Si la llave se está deteriorando, es muy probable que el mecanismo interno ya no esté trabajando como debería.
El pestillo no vuelve a su sitio con normalidad
Al abrir la puerta, el resbalón debería volver a su posición de forma inmediata y completa. Cuando esto no ocurre —si tarda en recuperar su sitio, no sale del todo o se queda a medio recorrido— estamos ante un problema más serio.
En estos casos, suele haber un muelle fatigado o una caja de cerradura deteriorada. Es un fallo crítico, porque puede provocar que la puerta quede mal cerrada sin que el usuario sea consciente de ello, comprometiendo la seguridad de la vivienda.
El bombín sobresale demasiado del escudo
Este último punto no siempre implica un fallo de funcionamiento, pero sí un problema técnico de seguridad. Cuando el bombín sobresale más de unos pocos milímetros del escudo, se convierte en un punto débil evidente.
Un bombín excesivamente saliente facilita la extracción y multiplica el riesgo de rotura. Desde un punto de vista técnico, debería quedar alineado o enrasado con el escudo. Aunque la cerradura funcione correctamente, este detalle puede ser muy relevante ante un intento de robo.
Una cerradura avisa antes de fallar
Las cerraduras no suelen fallar de un día para otro. Antes de hacerlo, dan pequeñas señales que muchas veces pasan desapercibidas porque la puerta sigue abriendo y cerrando “más o menos bien”.
Identificar estos signos a tiempo permite actuar con calma, evitar bloqueos inesperados y mejorar la seguridad de la vivienda sin urgencias ni improvisaciones. En muchos casos, una revisión o el cambio del bombín es suficiente para recuperar un funcionamiento correcto y una protección adecuada.
Si tienes dudas sobre el estado de tu cerradura o has detectado alguno de estos síntomas, en Ortiz Serrallers podemos ayudarte a valorar la mejor solución según tu puerta y el uso real que haces de ella.


